Si usted no es capaz de empezar una dieta porque se le dificulta dejar de comer algún alimento, debe saber que toda la comida puede ser parte de una dieta, siempre y cuando se consuman con moderación, respetando el tamaño de las porciones y sumado a la actividad física.

Así lo argumenta la Academia de Nutrición y Dietética, al señalar que “no hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas, y cada uno de los alimentos que integran los diferentes grupos tiene una composición química y funcionan como un vehículo de nutrientes”.

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En este sentido, la nutricionista Consuelo Pardo, argumenta que las frutas son excelentes fuentes de vitaminas y antioxidantes, las carnes y lácteos de minerales y proteínas, y los cereales y tubérculos fuentes de vitaminas y fibra, e incluso advierte que la grasa y el azúcar son importantes para el buen funcionamiento del cuerpo.

“Todas las personas tenemos necesidades calóricas y nutricionales diferentes, de ahí la importancia de aportar diariamente porciones adecuadas y suficientes de todos los grupos de alimentos a fin de proporcionar toda la energía y nutrientes requeridos”, confirma.

Agrega que dentro de una alimentación balanceada es esencial mantener una correcta hidratación, ya que el líquido representa alrededor del 60% del peso corporal y participa en diferentes procesos como la digestión, respiración, absorción y excreción, ayuda a eliminar toxinas del cuerpo y mantiene la temperatura corporal.

Las dietas restrictivas

Según Pardo, el organismo no sabe que estamos haciendo dieta, simplemente está sufriendo una situación restrictiva y busca optimizar sus funciones en pro de la supervivencia, lo cual logra a través de ajustes metabólicos y hormonales.

“Una alimentación restrictiva es calificada como una agresión al organismo, pues este debe cambiar su forma de trabajar para poder enfrentar los cambios”, puntualiza.

Aclara que ante la falta de energía, el organismo reacciona compensando esta deficiencia, disminuyendo el músculo y, posteriormente, el almacena energía extra en forma de grasas, haciendo más “eficiente” el uso de la energía, es decir, menos necesidades (menor cantidad de tejido que requiere energía, que es el músculo) y mayor almacenamiento de energía en forma de grasas.

Además, manifiesta que las dietas que restringen algún grupo de alimento, generalmente las bajas en carbohidratos, proteínas o grasas, tienen como consecuencia un déficit en el consumo de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales.