Dos figuras no tan disímiles se enfrentaron anoche en el segundo debate por las presidenciales de Estados Unidos. El encuentro en la Universidad Longwood de Virginia, menos atractivo para los televidentes de lo que prometía, dejó ver al senador demócrata de Virginia y fórmula de Hillary Clinton, Tim Kaine, sacando a relucir los últimos escándalos del adversario, Donald Trump, representado en el encuentro por el gobernador republicano de Indiana Mike Pence. En una de sus intervenciones Kaine dijo que la idea de tener a Trump como comandante en jefe “nos da un miedo que mata”, y afirmó que confiaría la vida de su hijo (que está en servicio con la Infantería de Marina) a su compañera de fórmula. A su turno Pence, aseguróque “Irak ha sido invadido por el Estado Islámico (EI) porque Hillary Clinton no logró renegociar” la presencia de las fuerzas estadounidenses en ese país cuando estaba al frente de la diplomacia de estadounidense.
Un “show” de bajo interés
No obstante el encuentro de este martes no despertó la expectativa del martes pasado, cuando Clinton y Trump se enfrentaron con ímpetu frente a más de 80 millones de espectadores. Según una encuesta de la cadena ABC, el 41% de los consultados ni siquiera logra identificar al compañero de la fórmula de los partidos. Incluso, un 46% de ellos no estaba seguro de quién era el demócrata Tim Kaine. Y aunque el 64 % de los sondeados dijeron que estaban dispuestos a ver el debate de ayer entre ambos candidatos, lo cierto es que el peso de este sobre los resultados de encuestas y en el progreso de las campañas no es tan claro. Para Yann Bassett, director del Observatorio de Procesos Electorales (OPE) de la Universidad del Rosario, la función de la fórmula vicepresidencial en Estados Unidos se ciñe a tratar de compensar los defectos o carencias de su respectivo candidato, por lo que el debate se convierte en solo una ocasión para convencer a un público que no se identifique aún con un prospecto presidente. Así las cosas, continúa, “el debate es más un asunto de imagen que una oportunidad”, idea en la que coincide Sandra Borda, internacionalista y decana de Ciencias Sociales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, quien pese a eso reconoce que, como fluctúan las encuestas, “cualquier cosa importa”. “Bajo circunstancias normales, estos debates solo contribuyen a que los indecisos tomen una decisión, pero en esta ocasión es distinto. La gente está muy segmentada en Estados Unidos y hasta lo más mínimo puede mover”, agrega.
Lo que había por mostrar
Según la decana, tanto Pence como Kaine tenían compromisos en el debate. El primero, cristiano y con una agenda social de derecha, antiaborto y homófoba, debía fortalecer el área más débil de Trump, que es visto más como un hombre de negocios y no como un gran gestor de políticas públicas de ala conservadora. El otro, menos reconocido, debía demostrar que tiene un perfil de vicepresidente, que tiene lugar en el espectro político de Estados Unidos y que puede complementar la plataforma de Clinton ante los votantes. Sobre este último, Sebastián Bitar, internacionalista de la Universidad de los Andes, considera que tenía menos presiones, y aunque probablemente llegó muy preparado al encuentro, era importante que provocara a su contrincante en temas controversiales para él, como el matrimonio entre personas del mismo sexo. “Seguro Tim Kaine va a empujar a Pence para mostrarlo como un fanático que solo responde a los intereses de los religiosos más extremistas”, dijo antes de iniciado el debate. En respuesta, Pence, que tenía el imperativo de proyectarse conservador, pero abierto a la diferencia, tenía un compromiso mayor. “Como Trump es una figura tan divisoria, que genera tanta desconfianza, este debate sí importa para ver quién es el que lo está acompañando”, advirtió Bitar con anterioridad al encuentro. Además, esta era tal vez la última oportunidad para que el magnate se recuperara de una de las peores semanas de su turbulenta campaña: una actuación mediocre en el primer debate y denuncias de que en 1995 sufrió pérdidas por casi 1.000 millones de dólares que le habrían permitido evitar pagar impuestos federales durante 18 años..