Jugar por jugar, por divertirse, por hacerlo bien, más allá de la victoria. Porque en el fútbol profesional, a veces, (sólo a veces) ganar no representa mayor cosa. Es entonces cuando el fútbol, por el simple gusto de jugarlo se convierte en la única motivación. Tal como en los potreros, en las calles imposiblemente empinadas y en tantas otras partes.   Así debería sentirse Nacional en este momento en el torneo Finalización. Porque las victorias en la Liga no lo acercarán al título, que será inalcanzable, pues en el momento en que el que la estrella de diciembre se perfile para unos pocos el Verde estará en otras tierras, buscando otros sueños.   Jugar simplemente para hacerlo bien, es la respuesta. Porque en este momento para lo único que sirven los juegos de Liga es para pulir, ensayar, equivocarse, corregir y divertirse. Sobre todo eso: divertirse. Algo que Nacional necesita para equilibrar en la balanza el peso de las obligaciones,  presiones de triunfo y de objetivos por cumplir.   Es el rey del continente, está entre los mejores ocho de Sudamérica y con un cupo asegurado entre los mejores cuatro del Mundial de Clubes. ¿Qué más pedir? Y sin embargo, no es suficiente, hay un vacío, algo en el ambiente que no termina por encajar completamente. Y es que el reverso de la gloria tiene formas menos satisfactorias. Mientras más se logra, más se necesita lograr. Esa es una paradoja que Nacional sólo puede afrontar con tranquilidad. Y sobre todo, regresando a lo básico, a la idea original, a la alegría de la búsqueda y recuperación de un estilo. Pero en el escenario internacional no se pueden hacer esas cosas, allí Nacional tiene la obligación de ganar y aumentar su grandeza.   Para eso está la Liga, que es el escenario perfecto para que los de siempre se reencuentren sin presiones sobre sus hombros: Franco Armani, Aléxis Henríquez, Daniel Bocanegra, Farid Díaz y Macnelly Torres, quienes posiblemente por el desgaste de tanto tiempo han ido perdiendo esa chispa y fluidez. También es la oportunidad para los que vienen atrás. Para adquirir el estilo, y ganarse un espacio del que podrían ser dueños en un futuro cercano: Felipe Aguilar, Carlos Cuesta, Juan Pablo Ramírez, Rodin Quiñones, Sebastián Támara y tantos otros.   Por eso lo que puede parecer un partido apático y sin interés ante uno de los coleros del campeonato, tiene otros matices diferentes y también importantes. No se trata de ganar un partido ante un equipo de rendimiento mediocre y en apuros. No se trata de porfiar en un torneo en el cual no se podrá disputar el título.   Para Nacional se trata simplemente de reencontrarse, recuperar la alegría y fortalecerse pensando en sus grandes retos. Se trata simplemente de jugar buen fútbol. Casi nada, casi to