Ya la opción de celebrar la clasificación en casa se perdió. Ahora, Colombia deberá demostrar su jerarquía como visitante, frente a Perú, para asegurar, el martes, la casilla para el Mundial de Rusia 2018.

Las cuentas están claras: lo primero es tratar de ganar. El empate pone a Colombia a mirar otros resultados e incluso perdiendo podría tener cupo directo. ¿Cómo lograrlo? He ahí el dilema.

De la eliminatoria para Brasil 2014 hasta la fecha, el estilo de Colombia cambió. La lesión de Radamel Falcao García hace tres años, que lo sacó del Mundial, obligó al técnico José Pékerman a buscar otra manera de jugar, sin depender de su gran goleador. Y ahí le dio mucha importancia a otro jugador que hasta ese momento era casi actor de reparto, James Rodríguez, a tal punto que el ‘10’ terminó siendo el goleador de la Copa del Mundo.

En ese Mundial, Colombia se volvió un equipo utilitario, con menos tránsito por el medio, con llegada más rápida al área contraria. Salvo el juego contra Uruguay, en todos los partidos los rivales tuvieron la pelota más tiempo: Grecia, el 54 por ciento; Costa de Marfil, el 55 por ciento; Japón, el 56 por ciento, y Brasil, el 51 por ciento. Como esa fórmula venía funcionando, el equipo se acostumbró a jugar así y por eso, en muchas ocasiones, mantuvo el 4-2-3-1 que Pékerman armó en ese Mundial. Y ese esquema, con algunas variantes, le ha funcionado lejos de Barranquilla. La cosa llegó incluso a darle la pelota al rival en muchos partidos, como le sucedió en el segundo juego que tuvo la Selección como visitante en esta eliminatoria: contra Chile, el día del 1-1 en Santiago, apenas tuvo la pelota el 33 por ciento del juego. En cambio, el día de una de las derrotas más dolorosas como visitante, cuando Uruguay lo goleó 3-0 en el Centenario, la bola fue posesión colombiana: 60 por ciento.

Depende del rival

Pékerman ha cambiado ese 4-2-3-1 en varios partidos puntuales, para tratar de contrarrestar a los rivales. Ya en Montevideo había intentado, sin éxito, retrasar a un volante para acompañar a los de marca, en ese caso Edwin Cardona. Pero en La Paz, directamente, metió los tres de recuperación: jugaron Guillermo Celis, Daniel Torres y Sebastián Pérez. Apenas Bolivia le igualó el partido, mandó al campo a Edwin Cardona. Y el otro juego en que intentó otra cosa, contra Ecuador en Quito, fue, tal vez, el mejor juego de la Selección después del Mundial. Ese día, en el papel, partió del 4-2-3-1, con los mismos jugadores, en la mitad del campo, que actuaron el jueves contra Paraguay. Pero ese día, Cuadrado y Cardona tuvieron el sacrificio para retroceder y armar una línea de cuatro cuando el rival tenía la pelota. Esa fórmula parece ser la