Entre los diversos materiales, técnicas de la escultura, prefiero la talla directa”, aseguró el artista Miguel Ángel Betancur, quien hasta el 10 de julio  presentará en la Sala de exposiciones temporales del Museo Juan del Corral una muestra de sus esculturas, de sus obras en piedra. Heredero de una tradición escultórica que tiene que ver con su padre José Horacio Betancur, el creador acepta que el proceso creativo también está relacionado con la mística de la unión entre el nitrato de la obra y quien le da forma, su creador. “A ese combate entre el material y el escultor lo rodea una atmósfera de misterio, de incógnita, únicamente despejada al terminarse la obra, donde deben quedar al descubierto las cualidades innatas del material, sus texturas, formas, y color, a esto se debe el carácter de expresionismo que le infundo a mis obras, dejando ver entre la fuerza del modelado vigoroso, decidido, las figuras humanas de piedra o mármol y no de carne y hueso”, detalló el artista. Marta Lucía Villafañe Martínez, directora del Museo Juan del Corral, precisó que siempre se había sentido muy atraída por la obra de Miguel Ángel, pero “especialmente destaco sus tallas en piedra. La muestra tiene un bronce y tres terracotas, el resto, treinta esculturas, son en piedra. Tiene un trabajo muy interesante alrededor de la figura humana, con gran fuerza en la expresión de la raza”. Los temas e ideas que inspiran a Betancur, según expresó él mismo, “son la naturaleza misma, sus fenómenos y la actitud reflexiva del hombre ante estos paisajes”.
 
Piedra arenisca (bogotana), barro (terracota) y bronce son los materiales que el artista esculpió para esta exposición.
Con sus obras lo que hace es transformar “la materia, la piedra, sin salirme de ella, sin trucos ni maquillajes. Es un trabajo sólido de gran densidad y responsabilidad. La pasión que siento por la figura humana, en especial la mujer, define toda  mi filosofía escultórica. La interpreto con valentía y soltura, convencido de que ella es la manifestación más perfecta de la belleza entre los seres de creación y el cofre que contiene insospechadas posibilidades plásticas artísticas”. Para Betancur, “la escultura es un diálogo permanente conmigo  mismo y reflejo todo el paisaje  que me rodea”, por eso “para trabajar primero me integro con la piedra; luego la hago mi amiga, para entonces cincelarla justamente allí, donde descubro una posibilidad según la carga emocional del momento. No trato de encontrar nada nuevo, trato de identificarme con el material  buscando mi propia identidad”.